PERSPECTIVA DE GÉNERO EN VEJEZ. INTERVENCIÓN EN IGUALDAD EN CENTROS INSTITUCIONALIZADOS.

Marta Florencia Abril Herrero. CL 3166

La población mayor de 65 años supone un porcentaje significativo dentro de nuestra sociedad. Lo cual requiere programas específicos que respondan a las demandas de la misma. La educación en igualdad de genero como prevención en violencia de genero se trabaja desde diferentes sectores, siendo la vejez una parte olvidada. La perspectiva de genero en vejez está condicionada por la sociedad y cultura patriarcal en la que han vivido, ocultando posibles casos de violencia de genero, normalizando dentro del contexto patriarcal. Es necesario llevar acabo programas específicos que promuevan la igualdad de genero en esta población, favoreciendo la prevención. La detección e intervención en vejez debe también atendiendo a variables específicas en vejez. La validación y análisis de la historia de vida será el eje sobre el que giraran dichos programas. Los nuevos modelos de intervención en centros institucionalizados promueven espacios donde fomentar igualdad de género.

The population over 65 years of age represents a significant percentage of our society. Which requires specific programs that respond to the demands of it. Education in gender equality as prevention in gender violence is worked from different sectors, with old age being a forgotten part. The perspective of gender in old age is conditioned by the patriarchal society and culture in which they have lived, hiding possible cases of gender violence, normalizing within the patriarchal context. It is necessary to carry out specific programs that promote gender equality in this population, favoring prevention. Detection and intervention in old age must also attend to specific variables in old age. The validation and analysis of the history of life will be the axis on which these programs will rotate. The new intervention models in institutionalized centers promote spaces in which to promote gender equality.

La perspectiva de género establece una teoría que trata de explicar las características, relaciones y comportamientos de hombres y mujeres en sociedad, su origen y su evolución, destacando la existencia real del género femenino y masculino.

Cuando hablamos de perspectiva de género o igualdad de género, nos referimos a un concepto transversal que influye o se ve condicionado por lo social, la edad, la educación, la situación laboral etc., y no sólo aquel que refiere al sexo biológico. Son múltiples contingencias que hacen que cada persona tenga un concepto de género en función de las variables anteriormente citadas.

Teniendo en cuenta esta definición de perspectiva de género, si la unimos al campo de la vejez, nos vienen contingencias arraigadas a una cultura y sociedad patriarcal, donde la mujer era “pertenencia” del hombre siendo este el núcleo y cabeza familiar.

En la actualidad, la educación en igualdad de género es la base de la prevención en violencia de género. La cual, se trabaja desde diferentes vértices y sectores: niños, adolescentes, adultos, colegios, instituciones públicas, asociaciones y colectivos. Pero es quizás el marco de la vejez el gran olvidado en este caso, tras realizar revisión bibliográfica son contados los programas establecidos para trabajar con esta población en materia de igualdad de género, así como protocolos específicos para la detección de casos de violencia de género en vejez.

Los datos de violencia de género en mujeres mayores de 65 años, son escasos. El último registro del balance anual de Violencia Domestica y de Género del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2016 muestra que las mujeres mayores apenas denuncian y suponen, a ojos de la oficialidad, una parte muy pequeña del total de víctimas. Lo cual no nos debe calmar, sino todo lo contrario, nos debería alarmar, ya que muchos de los casos que puedan existir de violencia de género en vejez, están encubiertos por el silencio y el razonamiento de aceptación de la violencia cómo algo impuesto que no admite cambios, esconden la resignación, propia de la cultura y contexto patriarcal en el que han vivido.
Estamos ante una sociedad cada vez más envejecida, donde la población mayor ocupa un porcentaje significativo. Destaca que en las últimas dos décadas la población mayor de 70 años ha crecido un 54%. En la actualidad según datos del INE, las personas mayores de 65 años suponen el 18.7% de la población.

Teniendo en cuenta estos datos así cómo las variables anteriormente descritas es necesario llevar a cabo programas específicos que aborden educación y sensibilización en igualdad de género, así como en detección e intervención en violencia de género en vejez. La vulnerabilidad manifiesta en la mujer anciana debe ser atendida, por ser parte del colectivo femenino con mayor influencia patriarcal, así como el concepto que ellas mismas se atribuyen y por otro lado su situación física y psíquica fruto del paso de los años.

La praxis del silencio y encubrir las dificultades en el hogar o asentamiento y razonamiento de ideas de una forma rígida y hermética son las grandes barreras que hacen sombra a los casos de violencia de género en vejez. No estamos ante diferentes episodios de maltrato, si no delante de toda una historia de vida. La bibliografía citada refiere casos de maltrato de 30 o 40 años de historia, donde el desenlace es la muerte del cónyuge por causas biológicas. La mujer en estos casos, no descansa, sino que vive las secuelas de una historia de maltrato: estrés postraumático, ansiedad, trastorno de estado de ánimo, dependencia emocional, culpa, baja autoestima etc.

Centrándome en el núcleo de mi comunicación: “Perspectiva de género en Vejez. Como fomentar la igualdad de género en centros institucionales”. Voy a referirme aquellas variables que son importantes llevar a cabo a la hora de trabajar igualdad de género en vejez, ya que tras lo anotado en líneas anteriores llegamos a la conclusión de que es necesario establecer programas específicos trabajando variables determinantes en vejez.

Por mi experiencia en el trabajo con personas mayores, tras escuchas activas al respecto, elaboración de los modelos de Historia de Vida y su correspondiente análisis funcional, programas de voluntariado y educación intergeneracional, donde confluyen experiencias entre diferentes generaciones. He observado conductas manifiestas donde los planteamientos actuales sobre igualdad de género, son tomados por las personas mayores con una actitud defensiva, ya que lo reciben cómo un ataque e invalidez de su experiencia e historia de vida. Naciendo de aquí la base que considero que tiene que tener cualquier programa que abogue por trabajar igualdad de género en vejez, la validez de historia de vida de cada persona. Aludiendo al análisis funcional de conducta, a través del cual se conforma un constructo que desencadena múltiples asociaciones de pensamientos, resistencia al cambio o a la aceptación de lo vivido, negación y distintas conductas de evitación .

Si reflexionamos al respecto, ¿nosotros seríamos capaces de llevar a cabo cambios en nuestra conducta diaria que supongan invalidar o desechar nuestra experiencia de vida, nuestra escala de valores?, seguro que no, teniendo en cuenta una media de edad de 70 años, sin duda alguna mucho más difícil.
Exige una parada y mirada retrospectiva a nosotros como profesionales, un esfuerzo añadido de empatía, donde validemos su historia de vida como mujeres, madres, esposas que han vivido en una época diferente, con un marco cultural asentado en ideales patriarcales, donde sus pasos y conductas fueron válidas en dicho contexto.
Validar que gracias a su esfuerzo, trabajo, tesón, se ha avanzado a la situación actual. Siendo este el punto de partida para poder educar en igualdad de género en vejez.

Los objetivos que se deberían trabajar en programas en igualdad de género en vejez serían los siguientes:
• Validación y valoración de su historia de vida.
• Reforzar autoestima. Concepto de Mujer y derechos asertivos.
• Analizar la situación actual de la mujer. Análisis y evolución.
• Orientación de valores en la actualidad como mujer.
• Definir Violencia de Género.

En el marco dentro de los centros institucionales, son muchos los espacios en los que se trabaja la igualdad de género.
• La programación de actividades del centro, no atiende a roles diferenciados por el hecho de ser hombre o mujer. Siempre y cuando validando la historia de vida de cada usuario.
• Los programas de educación intergeneracional y voluntariado son grandes espacios donde trabajar igualdad de género. En estos casos los talleres llevados a cabo, parten de la igualdad y no distinción de actividades por roles. Trabajar de forma conjunta la igualdad de género, acercan realidades diferentes a las personas mayores así como los alumnos valoran la experiencia de vida de los mayores. Son programas mutuamente enriquecedores.
• Según la normativa actual de la Gerencia de Servicios Sociales, promueve el Modelo de Atención Centrada en la Persona así como el programa piloto “en mi casa”. Ambos fomentan un espacio donde poner en tela de juicio los roles asignados en el hogar al hombre y la mujer. En este caso desde el centro se fomenta por la igualdad en los mismos, partiendo de una explicación previa, asentando y validando la experiencia previa de cada residente.
• Cada usuario presenta un Programa de Atención Individualizada, en base a sus motivaciones e intereses, lo cual refuerza de forma directa su autoestima y autonomía. En el caso de matrimonios que acuden juntos al centro, es vital éste trabajo, ya que ambos realizan actividades que para ellos son importantes, rompiendo la dependencia mutua.
• La mujer en estos casos se muestra más dependiente ante los cuidados que necesita su marido, en muchos casos no se ha permitido tiempo y espacio para ella, y su rol familiar y su sentimiento de utilidad estaba asociado a cubrir las necesidades de su pareja, desde el centro se fomenta el cuidado para ella y necesita adaptarse a esta nueva situación.

A modo de conclusión, los cambios y la educación en igualdad de género en vejez, parte de la validación de su experiencia asentando su pasado dentro del contexto en el que tuvieron lugar, en una sociedad y cultura diferente a la actual. Si queremos acabar con la “lacra” de la violencia de género en la sociedad actual, debemos tocar todos los núcleos significativos de la misma, la vejez en este caso es quizás la gran olvidada, pero tras los datos recabados y expuestos en este artículo, esperemos que progresivamente deje de serlo y se convierta en otro punto importante sobre el que educar, prevenir e intervenir.

 

 

Marta Florencia Abril Herrero
Nº col. CL 3166

 

 

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Bibliografía

KELLY G. WILSON; LUCIANO SORIANO, MARÍA CARMEN. Terapia de Aceptación y Compromiso. (ACT) Un Tratamiento Conductual Orientado a Valores. 2007
Ministerio de sanidad, Servicio Sociales e igualdad (2012). Protocolo común para la actuación sanitaria ante la Violencia de género (2012).
Organización Mundial de la Salud (2002) Para la Prevención Global del maltrato de las personas mayores. Declaración de Toronto.
Protocolo de actuación contra el maltrato a las personas mayores (2007). Generalitat de Catalunya en Girona.
Servicio canario de salud. (2003). Protocolo de actuación ante la violencia de género en el ámbito doméstico. Ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad.
http://www.universidadviu.es “La violencia de género en la mujer anciana”. Raquel Sanchez Recio. 2016
http://www.ine.es
http://www.elpais.es “Mayores e invisibles”. Nacho Carretero. Enero 2018.

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